Cómo trabajo

Cómo trabajo

Los años de estudio y experiencia me han servido para crear mi propio estilo, con el apoyo de algunas personas cuyo saber me ha guiado siempre.

 Basándome en todo ese recorrido, podría decir que los pilares básicos de mi trabajo son la escucha, el síntoma como brújula y la relación.

La escucha

I

La escucha analítica presta atención a todo lo que se dice, pero va más allá; escucha las historias – a menudo rígidamente fijadas- y también los lapsus, los sueños, lo que sorprende. Todo lo que aparece sin darnos cuenta cuando nos dejamos hablar. 

Se trata de un saber que se hace consciente y emerge poco a poco en el transcurso de las sesiones.

En cierta ocasión, una paciente de Sigmund Freud le dijo: 

«Deje de preguntarme de dónde procede esto o aquello y escuche lo que quiero decirle«. 

Freud tuvo la lucidez de hacerle caso. Aprendió de aquella mujer que no es cuestión de preguntar todo el tiempo sobre el por qué de las cosas. ¡Había que escuchar!

Una escucha que no juzga ni prescribe hace que sea más fácil ponerle palabras a eso que nos hace sufrir y que, a menudo, nos cuesta contar a las personas más cercanas. Por no preocuparles, porque nos sentimos incomprendidos, por falta de confianza, etc.
Ser escuchado permite poder escucharse.

El síntoma

II

Un síntoma, en sentido general, es una señal o indicio de que algo está sucediendo o va a suceder. Existen síntomas objetivos que se pueden observar desde fuera, como la tos, o incluso medir, como la fiebre. Los síntomas subjetivos, en cambio, son experiencias que se sienten pero no se pueden medir con exactitud, por muchas escalas que se apliquen.

La tristeza, la angustia o el miedo son algunos síntomas subjetivos, es decir, afectan a cada persona de una forma particular y no hay termómetro que sirva para medirlas ni medicina que las cure. Hay que ponerles voz.

La forma en que una persona experimenta un determinado síntoma siempre es la suya en particular y se relaciona con su propia historia. Es necesario escucharla. Lo que siente, cómo lo vive y qué relación tiene con su vida. 

Los síntomas tienen que ver con el mundo que habitamos y nos habita.

La relación

III

Para poder escuchar lo que cada persona dice, su forma de contar lo que le afecta, es importante dejar de lado prejuicios y opiniones. No estamos ahí para juzgar sobre lo «erróneo» de sus conflictos y malestares.

Esta posición de partida facilita una relación diferente a otras. 

Por una parte, la persona que escucha ha hecho su propio trabajo personal y eso le permite filtrar juicios, separar lo suyo y dejarlo de lado para que no interfiera en el tratamiento. Por otra, poco a poco surge un clima de tranquila intimidad y confianza que anima a hablar, dejando de lado la autocensura

Las sesiones no son un espacio únicamente para desahogarse, aunque también sirvan para eso. Tampoco son conversaciones entre amigos. Permiten a cada persona hablar de otras cosas, preguntarse sobre sí misma y lo que le ocurre de una forma distinta a la ya conocida.

Las ganas de saber más es uno de los efectos de esa relación y el motor del cambio que irá transformando su vida cotidiana.